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Buenas compadres, os escribo para relataros mi experiencia con las trufas (atlantis). Desde esa experiencia (hará unos 2 meses) he vuelto a tomarlas una vez más hará unas tres semanas, así que como contrapunto explico un poco en qué se diferenció una ocasión de la otra. Quepa decir que espero ir a por la tercera de aquí a unas semanas.

 

Lo primero dar un poco mi perfil por si sirve a más gente como yo para animarse. Tengo 37 años, no soy nada fiestero ni bebedor (me tiro meses sin probar gota de alcohol) y apenas salgo "de marcha" dos o tres veces al año en ocasiones especiales. Aunque fumo tabaco me va el deporte y las actividades de naturaleza. Tenía una enorme curiosidad por esto de las setas y las trufas alucinógenas desde hacía muchísimos años, había leído y escuchado historias que me atraían, pero como no tengo buenos "contactos" no había podido permitirme probar hasta ahora.

 

Un amigo mío os envió hace poco su primera experiencia, y en ella os comentaba que a causa de un accidente no pudo tomarlas y se quedó cuidándonos a los demás y poniendo música, bueno, pues yo soy uno de ellos :-) (Y por lo tanto uno de los que sufrió previamente la decepción de la primera vez que no nos hizo efecto).

 

Digo eso simplemente para poner en evidencia el ansia que tenía por experimentar los efectos, como deja claro que me comí las trufas (aunque masticando despacio intentando "exprimirlas") casi sin darme cuenta de lo malas que están. Por otro lado también decir que yo esperaba echar unas risas, estando "consciente" y en contacto con el mundo y los que me rodeaban y sufrir alucinaciones visuales y bienestar.

 

Bueno pues la cosa fue algo más allá la verdad, pillándome por completo por sorpresa. Los efectos prácticamente no se hicieron esperar, no sé si apenas unos minutos, y fue como una "caída en barrena hacia arriba", o como unos fuegos artificiales.

 

Pero bueno, por partes: la primera sensación aparte de un leve mareo fue de ansiedad moderada algo incómoda, como un estado de nerviosismo artificial. No fué casi nada molesta porque en todo momento sabía a qué se debía y a nivel consciente estaba muy tranquilo y sabía perfectamente lo que estaba pasando. Lo único que tuve que hacer fue mantenerme entretenido y ser consciente de que es una fase. Pasó rápidamente, aunque si tienes problemas de ansiedad o nerviosismo si que me parece que puede ser un problema.

 

Luego la cosa fue subiendo gradualmente. Continuó con una sensación de mareo similar a la de embriaguez causada por el alcohol, pero con un dominio del equilibrio normal, a pesar de los tumbos que pegaba mi cabeza, equiparables a una importante melopea. Sensaciones táctiles raras y algo de distorsión visual, y una facilidad para la risa fácil, seguido de oleadas de calor que te envuelven por la espalda y el cuello, y que daban ganas de acurrucarse, todo muy agradable. En todo momento la sensación de euforia era increíble, mis emociones estaban a flor de piel, y cualquier cosa me hacía reír pero con una alegría que casi me saltaba las lágrimas. Además, me veía obligado a respirar conscientemente de forma profunda y pausada con calma porque esa misma exaltación emocional me entrecortaba un poco la respiración. Como digo, nada de esto era molesto, sino muy agradable. Poco a poco el mareo también fue desapareciendo.

 

Como estábamos con dos personas "sobrias", y para todos era la primera experiencia, sí que había algo de sensación de frustración porque había ganas de irles contando las cosas, y también para que no se preocuparan si nos veían reaccionar de maneras extrañas... pero no había manera; tengo fama de charlatán (merecida, no hay más que ver lo que estoy escribiendo y lo que me queda), pero me era tremendamente difícil comunicarme coherentemente. Cuesta seguir un hilo de pensamientos muy estructurado y las sensaciones son tan cambiantes e indefinidas que empezaba frases para intentar describirlas y al poco de empezarlas era prácticamente incapaz de continuarlas, para sorpresa de mi colega el que nos cuidaba. Como digo esto era un poco frustrante y entre eso y las ganas de compartir que acompañan la euforia la verdad es que se echaba de menos que estuviéramos todos en el mismo estado.

 

Bueno, pues esto era sólo el principio. Lógicamente, yo estaba "inquieto" en el sentido que quería recorrerme la casa entera y probar todo lo que pudiera para experimentar todo lo posible. Digamos que ya estaba completamente metido y quería sacarle partido y descubrir como era el mundo bajo los efectos. El mareo había pasado por completo y el bienestar, la alegría y la distorsión visual y las risas estaban haciendo que deseara que no se acabara la experiencia.

 

Más o menos por ahí las alucinaciones visuales alcanzaron su cota máxima. El mundo había pasado a ser de alta definición con un color y contraste de calidad tremenda, las cosas se movían, sobre todo con movimientos de expansión y contracción, las cortinas parecían respirar (por intentar describir el movimiento) y los matices de los objetos, paredes, formas y dibujos adquirían nuevas dimensiones. Los charcos de agua en una terraza adquirían formas de patrones similares a fractales espectaculares, los pájaros por la ventana parecían de colores al aletear, los árboles y la vegetación crecía y menguaba ante la vista... esa parte es realmente bonita.

 

Las perrillas mascota de mi colega (estábamos en su casa) parecían reducirse a cachorros momentáneamente y cuando se te sentaban en el regazo parecían derretirse, estaban blanditas y parecían húmedas. El propio tejido de mis vaqueros hacía efectos espectaculares, y qué decir de los famosos azulejos del baño. Impresionantes, parecían cristal pulido bajo el cual hubiera nubes de lana en bruto de diferentes colores que se deslizaran contra el cristal siguiendo diferentes mareas ... los dibujos de la caja de un juguete infantil adquirían una belleza artística impresionante tan sólo por la definición que adquirían los trazos y colores, y también se movían como dibujos animados... un vaso de agua de cristal coloreado, al ponerle una vela detrás parecía una galaxia de pequeñas burbujas... en fín, te deja extasiado.

 

El caso es que aquí es donde la cosa se fué más lejos de lo que esperaba. Como la música ambiente que estaban poniendo era demasiado tranquila y no muy de mi estilo, y había oído experiencias muy curiosas con la música, me senté en el suelo cómodamente y me puse los cascos de un mp3 que me había llevado con música algo más cañera sobre todo de guitarra eléctrica (y también la fuga de Bach... bueno bueno). Cerré los ojos y... ahí fué donde me caí del mundo. Debo decir que como cuesta concentrarse me costó bastante operar el mp3, casi tuve que aprender otra vez a usarlo.

 

Al cabo del rato no sé muy bien por qué, abrí los ojos y me dí cuenta que no sabía el tiempo que hacía que no me acordaba de mi mismo, de que soy una persona y estoy en el mundo, que estaba en un lugar y había cerrado los ojos. Mi "yo" había desaparecido por completo al cerrar los ojos y la música formaba otro mundo de imágenes espectaculares, tremendamente intrincadas y detalladas, llenas de color y fantasía, con detalles dentro de detalles, dentro de otros detalles, etc. Además de que disfrutaba la música con mucha más intensidad y me producía un subidón total de felicidad, las alucinaciones parecían estar gobernadas por ella, hasta el punto que al cabo del rato más que oír la música toda tu percepción estaba zambullida en ella como una alucinación visual que te envolvía completamente, haciendo desaparecer casi totalmente tu sensación de "yo" y el propio mundo real, y se te olvidaba, literalmente TODO.

 

De hecho al abrir los ojos me sorprendí mucho al recordar... la "existencia" por así decirlo? me sorprendió la sensación de vacío delante mío, pues las imágenes y la música ocupaban y circulaban por todo el espacio delante mío casi como sustancia, y al abrir los ojos es como si se hubieran esfumado de golpe, aunque volvían al cerrarlos. Digo vacío por que las imágenes estaban, diríamos delante de mi cara (sólo que no tenía cara mientras alucinaba) y al abrir los ojos no había nada.

 

Llegado a este punto hubo un momento en que me di cuenta que la silla en que estaba mi colega estaba delante mío en el mundo real (yo estaba sentado en el suelo en plan meditación) y me aparté de él porque no sabía a qué distancia estaba, ni si estaba debajo, arriba, o donde. La realidad se había distorsionado mucho desde que me había "ido" a mi mundo de música ;-)

 

Tuve un poco de frustración porque parecía como si a mi colega le hubiera extrañado mi movimiento al apartarme, pero no era capaz de explicarle por qué lo hacía (simplemente era prudencia, pues no tenía ni idea de distancias ni posiciones relativas, y además era consciente de que él estaba sobrio y que por otro lado, aún no había tomado trufas nunca así que tampoco tenía mucha idea de lo que estaba experimentando yo). Quería expresarle que estaba estupendamente y que no pasaba nada, pero sólo pude mascullar algo como "es que la música pasa por aquí delante y lo mismo estás muy cerca..." en fín, una rallada. Como digo, yo todo el rato era felicísimo.

 

Volví a aislarme sensorialmente (creo que los cascos y cerrar los ojos fue un gran invento) y me sumergí de nuevo en la súper alucinación musical. Debo decir que en retrospectiva me sorprendió muchísimo la naturaleza de mis alucinaciones. Quien no ha visto en alguna película de rollito hippie o relacionada con compuestos alucinógenos póster o arte pop de la época hippie. Ahora lo entiendo mucho mejor. Las alucinaciones que se tienen son muy parecidas a ese estilo, mezclado con hindú y otras influencias. Me resulta curiosísimo porque ninguno de estos estilos o artes han sido nunca demasiado de mi gusto, pero claro, no es lo mismo ver un póster o camiseta de ese estilo que ver ese tipo de entramados y mosaicos bajo efectos alucinógenos. Como digo además los detalles son intrincadísimos, increíblemente coloridos, tienen vida propia, se mueven, cambian, afloran otros nuevos... en fin, psicodelia pura.

 

Poco después los efectos empezaron a bajar y decidí dedicarme más a disfrutar de las alucinaciones visuales y la distorsión de las cosas del mundo real antes de que se acabaran los efectos, estaba encantado, era como "elegir tu propio pedo", "ahora me apetece esto, ahora lo otro". Si no hubiera sido mi primera vez habría podido quedarme aislado tranquilamente escuchando música hasta que se pasaran los efectos, estaba muy a gusto y feliz, pero sentía la inquietud de probar más cosas.

 

Así que empecé a dar paseos, a quedarme de pie descalzo balanceándome simplemente disfrutando de la sensación corporal propia (el equilibrio no se vé afectado en absoluto! eso es muy sorprendente, pues la primera impresión que tiene uno es que le va a fallar), estuve viendo dibujos en comics, fumando un cigarro, me asomaba por la ventana, y me tumbaba a ratos. Esa etapa es estupenda para acurrucarse en el sofá o tirarse en el suelo, es un bienestar muy tranquilo, la euforia emocional ya había pasado durante las alucinaciones musicales. Estaba quizá un poquito de bajón porque, honestamente, echaba de menos las fases más intensas, no por otra cosa.

 

Y bueno, lo único malo que resulta que el sabor de las trufas se había intensificado volviéndose bastante desagradable, y a mí se me filtra por el paladar como una especie de picazón detrás de la nariz, casi convirtiéndose en un olor. No se me pasaba ni después de cenar y me llegó a preocupar. Pero al final tras varias horas (fue muy raro, demasiado tiempo) se me acabó pasando. Lo curioso es que en mi segunda experiencia no me pasó nada de esto del sabor.

 

Así que en resumen, fue una experiencia bastante intensa, feliz y espectacular. Si alguien se pregunta si puede ser excitante, diría que para nada. Aunque puede ser muy intensa, la emoción que se experimenta es más emocionalmente "tierna" que excitante, y el bienestar es más de reposada satisfacción y de encontrarse "a gustito" que de subidón de adrenalína.

 

La siguiente vez fue muy diferente sin embargo (también con unas trufas atlantis). Nos juntamos los mismos, y a mi colega se le subió casi ipso facto (me dio una envidia tremenda). A mi chica le tardó un poco pero empezó también, y sin embargo yo no tenía ni siquiera ansiedad alguna, mareo, ni nada de nada de nada. Ni que decir tiene que me moría de ganas de notar un poco de ansiedad que me anunciara el comienzo de los efectos. Me había costado más comerme las trufas (al no estar en un estado tan de kamikaze como la primera vez fuí un poco más consciente del sabor). De verdad que están malillas, pero la verdad es que yo soy muy malo para comer, hay montones de cosas que no me gustan que le gustan a todo el mundo, y sin embargo las trufas me las como tranquilamente sin gran esfuerzo (recomiendo un par de chupitos de te repartidos durante la ingesta).

 

Bueno pues allí estaba yo pensando que ya no me iban a subir subían cuando, después de que los demás estuvieran en plena experiencia empecé a tener las primeras alucinaciones leves y no pude evitar soltar un "siiii... allá voooy". Nota curiosa: No tuve euforia emocional, mis emociones no estaban muy descontroladas, no tuve mareo, ni ninguna sensación de las "desagradables" que inicialmente tuve la otra vez. Eso si, tenía unas ganas de reirme que no veas, y de hecho nos reímos a carcajadas como locos (probablemente uno de los mejores disfrutes de que es capaz el ser humano).

 

El viaje fue mucho más mundano, y las oleadas estuvieron más repartidas y fueron más suaves (al contrario de los fuegos artificiales de la primera vez). Aunque no tuve viajes místicos en esta ocasión disfruté muchísimo de las alucinaciones del mundo real muy hermosas y espectaculares, cuadros, tapices, adornos, etc. Y también disfruté enormemente con la pechada a reir que nos pegamos. Se me caían las lágrimas por las mejillas, pero esta vez no era de emoción, sino de pura y llana risa.

 

Me resultó curioso lo misteriosas que resultan las cosas en penumbra, todo es un poco fantasmal e intangible, pero sin ningún mal rollo. Y me sorprendió tremendamente la buena visión que se tiene a oscuras. De hecho hubo una situación (seguida por supuesto de más risas) en la que yo estaba mirando un cuadro mientras pulsaba el interruptor de la luz a veces y dije algo como "este cuadro mejora muchísimo a oscuras" (espero que el autor no se entere nunca). Tras reirnos un montón mi colega añadió "lo cojonudo es que no es coña, es verdad".

 

También me llevé un comic que me pareció podía dar juego. Era el último volumen de Promethea, de Alan Moore (a este señor seguramente le va muchísimo este rollito). Efectivamente las últimas páginas dan mucho juego, pues son compuestos de colores con trazos e imágenes superpuestas ideales para causar alucinaciones.

 

Y bueno, como digo un viaje menos místico, más "de risas" y basado en el mundo real en que no llegó a pegar un subidón enorme como la otra vez. Eso si, las muchas oleadas, aunque más suaves, eran tremendamente agradables, como calor o energía esparciéndose por el cuerpo acompañado de una profunda "bocanada" de alegría (es como inspirar felicidad con la respiración). Tras cada oleada el "pedo" volvía a bajar un poco a un estado más tranquilo y reposado (aparte de las risas) hasta la siguiente. De hecho creo que todos estábamos algo "preocupados" porque parecía que cualquier oleada, tras bajar, era señal de que los efectos empezaban a terminarse (cosa que no queríamos para nada).

 

Y bueno, después de ambas experiencias, nada de resacas ni ningún efecto negativo en ningún momento. Al día siguiente estoy más relajado o vago, vamos, que no me apetece entrenar, hacer esfuerzos o complicarme mucho la cabeza, pero nada más, y en realidad si lo necesitas puedes hacerlo perfectamente, de hecho ambas veces he conducido después de la experiencia (siempre siendo muy prudente de dejar al menos un par de horas tras el fin de los efectos) y ni mi percepción ni mis reflejos estaban perjudicados.

 

Muchas gracias por leer y buen viaje!

 

Angel friends.