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El viaje fue una pasada, lleno de imágenes, historias, seres y muchas preguntas ontológicas. Las...

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Las trufas mágicas

Publicado el : 17/11/2020 19:29:14
Categorías : Noticias

Las trufas son consideradas popularmente como el diamante negro de la cocina, todo un manjar de lujo, accesible solo para algunos. Pero dejando al lado la gastronomía, ¿qué sabes exactamente acerca de las trufas “mágicas”? Aquí te lo contamos todo.

Eso sí, tendremos que empezar por el principio. No pueden entenderse las trufas sin antes comprender bien la estructura de los hongos, pues están íntimamente ligados.

La vida de un hongo comienza en una sola célula reproductora, conocida como espora (Imagen 1). Cuando la espora es germinada, emite un largo filamento llamado hifa. Si hay nutrientes y las condiciones son idóneas, la primera hifa no será la única: se seguirá extendiendo formando un sistema ramificado de hifas, es decir, una red de filamentos que irá multiplicando su tamaño. Este sistema de hifas es el micelio (Imagen 2).

El micelio, por su parte, puede crecer casi indefinidamente alcanzando, con frecuencia, dimensiones macroscópicas. No obstante, raramente lo vemos, pues suele encontrarse bajo tierra o en sustratos opacos que dificultan la observación.

Lo que la gente de a pie conoce como hongo (también seta) es la manifestación exterior del micelio (aunque “hongo”, técnicamente, nombra al organismo completo). En ocasiones, el micelio forma estructuras fructíferas, que salen fuera del sustrato, con la finalidad de esparcir sus esporas al aire libre y cumplir con su cometido reproductor. Estas estructuras son los hongos (Imagen 3), es decir, la parte con aspecto de señor con sombrero.

Para que el micelio emerja en forma de honguito han de darse ciertas condiciones ambientales, que no siempre son posibles. Si el clima no es adecuado (por ejemplo, el micelio ha sufrido sequía), el micelio formará esclerocios. Un esclerocio (Imagen 4) es “un cuerpo globular de aproximadamente 1 mm. de diámetro, producido por entrelazamientos de las hifas del micelio vegetativo, que se recubren con una corteza sumamente resistente. Generalmente son pigmentados y se los considera elementos de resistencia, capaces de conservar la especie en el tiempo”i. El esclerocio se conoce como “trufa”, y bien parece un cerebro raro, con corteza durita, cuyas circunvoluciones se conforman por las hifas del micelio.

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1. Reproducción sexual del hongo (M. Violante, CC BY- SA 3.0, Wikipedia)

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Trufas mágicas

Espero que hasta alturas sepas que la magia no existe. Pero sí la química. Por supuesto, no todas las trufas son mágicas, así como no todos los hongos, de los que las trufas provienen, lo son.

“Hongos mágicos” es el apelativo cariñoso que por tradición usamos para nombrar los hongos psicoactivos, de los que se han registrado hasta más de doscientas especies (y aún es posible que estos números varíen). Sin embargo, la psicoactividad de estos hongos no siempre es producto de la misma química. Si atendemos a su composición, podemos clasificar los hongos psicoactivos en tres grandes grupos: los que contienen psilocina y psilocibina; los que contiene muscimol y/o ácido iboténico; y los que tienen ergolina.

Vamos a fijarnos en el primer grupo. Aquellos hongos cuya psicoactividad es debida a los alcaloides psilocina y psilocibina, se llaman hongos psilocibios. Estos hongos, en circunstancias concretas, pueden producir un esclerocio o trufa que es valorada por poseer los mismos alcaloides que el hongo del que procede y, por tanto, el mismo potencial psicoactivo.

Debido a las estrictas leyes establecidas en diversos países, que persiguen y penan el consumo de hongos mágicos, en los últimos años hemos asistido a una puesta en valor de las trufas mágicasii. En la legislación de muchos países no se contempla o pena su consumo (en muchos casos, existe un vacío legal), y esto ha abierto la puerta a su uso. Así las trufas mágicas han ido ganando adeptos por el mundo.

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2. Micelio e hifa del hongos Rhizoctonia solani (Tashkoskip, CC BY- SA 4.0, Wikipedia)

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¿Cuáles son sus efectos?

Los primeros efectos de las trufas pueden empezar a notarse entre 30 y 60 minutos después de su ingesta, la duración del viaje puede dilatarse entre unas cuatro y seis horas y, por lo general, los efectos máximos suelen producirse entre los 60 y los 90 minutos tras la ingesta.

Por supuesto, estos indicadores son bastante generales y es conveniente advertir que cada individuo experimenta el viaje de un modo particular. Además, otro aspecto a tener en consideración es que el contenido de psilocina y psilocibina de las trufas no solo varía entre las distintas variedades de trufas, sino también entre trufas de la misma variedad. Y ciertos autores expresan la importancia de un buen “set&setting”, es decir, de la preparación del ambiente y de uno mismo para la ingesta, para asegurar un buen viaje.

A nivel físico, los efectos de la psilocina y psilocibina son apreciables en la dilatación de las pupilas e incremento leve del ritmo cardíaco y la presión arterial. En ocasiones, el sujeto puede tener náusea y más raramente vómitos y diarrea. Es posible también que el sujeto padezca temblores, malestar muscular y mareo. En general, los efectos físicos suelen ser leves si la dosis es moderada.

En cuanto a los efectos psicológicos, destacan especialmente la alteración de la percepción sensorial, o cambios profundos en la cognición y la consciencia. Las alteraciones visuales comprenden desde las visiones caleidoscópicas a todo color con los ojos cerrados, a la intensificación de los colores, la ondulación de las líneas, a la distorsión de objetos (puede notarse cierta “respiración” o cambio de tamaño en ellos), pero las alucinaciones (percibir algo que no existe) suelen ocurrir bajo muy altas dosis. Auditivamente, es normal que se intensifique la percepción de los sonidos, especialmente de la música. Las sensaciones físicas, en general, también se hacen más evidentes (mayor sensibilidad táctil, al frío o al calor, hormigueo, etc.) así como también se ve afectada la percepción del tiempo, que puede ralentizarse hasta detenerse.

Son comunes también los reportes de experiencias sinestésicas en las que los estímulos que corresponden a un sentido, son procesados por otro sentido. Por ejemplo, ver los colores de la música.

A nivel cognitivo y de consciencia, las alteraciones pueden también resultar tantos positivas como aterradoras, teniendo en común su intensidad. Si bien muchos consumidores han reportado experiencias gratificantes, místicas, transcendentales, profundas, y han experimentado sentimientos de unidad y conexión con la naturaleza y lo que nos rodea, es igual de cierto que otros han tenido un mal viaje, transmiten experiencias personales aterradoras, de paranoia, ansiedad, agitación, confusión, desorientación, han sentido que van a morir o a volverse locos.

Sea como fuere, el potencial terapéutico de la psilocibina está siendo investigado y ya hay múltiples estudios que arrojan luz sobre sus posibles beneficios en el tratamiento de la ansiedad, la cefalea en racimo, el trastorno obsesivo-compulsivo o las adicciones (al tabaco y al alcohol), entre otros. Muchos de estos estudios han arrojado resultados prometedores.

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3. Partes de un hongo, en concreto, de Amanita Cesarea (Zoram.hakaan, CC BY- SA 3.0, Wikipedia)

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¿Cómo se usan?

Las trufas mágicas pueden ser consumidas de distintas formas, aunque por lo general suelen ser ingeridas directamente. Los consumidores prefieren hacerlo con el estómago vacío y masticarlas bien, para que sus células se rompan. Así

aceleran su asimilación y, según aseguran, obtienen los mejores efectos.

Sin embargo, el sabor de las trufas no siempre resulta de agrado. Algunas personas incluso afirman sentir náuseas tras su ingesta. Por ello, suele recomendarse moler las trufas y ayudarlas a pasar por el gañote con un buen trago de agua.

A nuestro juicio, el modo de sacarles mayor rendimiento es preparando un té, añadir el zumo de medio limón, dejar reposar y enfriar 10 minutos, añadir las trufas y dejar reposar otros 10 minutos removiendo de vez en cuando, bebes el té mientras vas masticando lentamente las trufas y ayudarse del té para tragarlas. Antes de esto hacer un mínimo de 6-8 horas de ayuno.

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Almacenamiento y conservación de las trufas

Almacenar trufas es sencillo. Tras su cosecha, las trufas han de secarse. Este paso es obligado para no echarlas a perder, incluso si vas a congelarlas.

Para ello, primero se pre-secan, colocándolas sobre un plato y con un ventilador encima de ellas, que mantenga el aire en movimiento, pero sin que las azote de lleno. Cuando estén arrugaditas y bien secas al tacto, se retiran. Así, las trufas solo podrán consumirse durante un par de semanas.

El segundo paso, para almacenar las trufas más tiempo, es secarlas con un desecante. El calor como método de secado de las trufas es evitado a toda costa, pues las destruye. Los desecantes, por su parte, son sustancias que absorben el agua de la atmósfera. El gel de sílice, muy común en pequeñas bolsitas que acompañan a las zapatillas cuando las compras, o en envases industriales y hasta en alimentos, es el desecante más habitual. Eso sí, para desecar tanto hongos como trufas, el gel de sílice escogido ha de ser naranja. El gel de sílice azul (para la ropa y zapatillas) es tóxico porque contiene cloruro de cobalto.

El gel de sílice se dispone en el fondo de un recipiente dotado de cierre hermético (cristal mejor que plástico), se cubre con servilletas de papel, se coloca encima de todo un colador y en él, las trufas. El colador ha de caber dentro del recipiente. Su maya evitará, aún más, el contacto directo entre trufa y desecante. Con todos los estratos en su sitio, se cierra el recipiente y se deja actuar al desecante. Ya sólo quedaría abrir el recipiente cada dos días para revisar el estado de las trufas, hasta que se hayan secado por completo.

En caso de que se sigan estos dos pasos para el almacenamiento de las trufas, estas podrán ser disfrutadas durante un mes. Eso sí, su conservación ha de ser a temperatura constante entre los 2º y 4º C.

También pueden ser congeladas para su conservación. Eso sí, ha de respetarse el proceso de secado igualmente. Para que el estado de las trufas no sea comprometido, ha de retirarse todo exceso de humedad con un buen secado.

El aspecto de las trufas cambia durante su secado y es normal que, por el proceso de oxidación de la psilocina y la psilocibina, adquieran un tono verdoso o azulado. Si la trufa, sin embargo, está cubierta por una pelusilla blanca, tampoco hay que alarmarse, es natural e inocuo que la trufa desarrolle esta película, que no es otra cosa que el nuevo micelio (la falta de intercambio de gases dentro del recipiente, hace que aumente el nivel de dióxido de carbono, y se produce este fenómeno).

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4. Esclerocio del hongo Sclerotinia sclerotiorum, causante de un gran número de enfermedades en los cultivos, como la podredumbre blanca (Kmcleveland, CC BY- SA 3.0, Wikipedia)

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Dosificación

En cuanto a su composición química, las trufas mágicas de hongos psilocibes, tienen como principios activos: la psilocibina (4-PO-DMT), la psilocina (4-HO-DMT) y la baeocistina (4-HO-NMT), siendo el primero su principal y más estable alcaloide.

Fue Albert Hofmann, el químico suizo que sintetizó la LSD, el primero en aislar también la psilocibina en 1957. Tras esto, se han llevado a cabo estudios farmacológicos que indican que la psilocibina se convierte en psilocina una vez absorbida y que los efectos son similares, por lo que se considera a la psilocibina una prodroga de la psilocina, aunque es la psilocina el alcaloide responsable de la psicoactividad. De la baeocistina, por el contrario, no existen estudios concretos.

Es imposible establecer una dosis estándar de hongos y trufas, pues la composición varía en función de la especie, de su estado de conservación, etc. No obstante, si hablamos de psilocibina pura (sintética), las consideraciones en cuanto a la dosificación son las siguientes: se considera una microdosis a menos de 4 mg.; una dosis baja es entre 4 y 8 mg.; la dosis media, entre 6 y 20 mg.; las dosis altas, entre 20 y 35 mg.; y las dosis muy altas, las que superan los 35 mg.

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Seguridad y control de riesgos

En caso de recolectar los hongos psilocibes y sus trufas directamente del medio natural, es imprescindible saber identificar correctamente los hongos, para no confundirlos con otras variedades tóxicas o venenosas. Algunas de ellas pueden ser mortales (variedades de los géneros Galerina y Pholiota, por ejemplo).

Es vital también cuidar el almacenaje y conservación de los hongos y trufas mágicos, respetando las condiciones ambientales y recomendaciones de expertos.

Deberán abstenerse de consumir trufas las personas con historial de enfermedades cardiovasculares, sobre todo, las que controlen sus patologías con medicación, o que por recomendación médica tengan que reducir su actividad física. Esto se debe a que la psilocibina produce experiencias intensas que pueden generar ansiedad. Además, es importante no consumir alcohol, medicación u otras drogas en combinación con las trufas, así como evitar el consumo en caso de embarazo o lactancia.

Si bien los hongos psilocibes y sus trufas presentan pocos riesgos para la salud física, existen riesgos para la salud psicológica a considerar (que pueden darse durante la experiencia, o tras esta, a medio plazo), como explican desde ICEERS: “El principal riesgo de los hongos psilocibes es que desencadenen una experiencia difícil, en la que haya síntomas desagradables como el miedo, la ansiedad, ideas paranoides, miedo de muerte o de volverse loco, síntomas de naturaleza psicótica, o la sensación de que el viaje no va a terminar nunca. Este tipo de experiencias pueden producirse con cualquier dosis, aunque sus manifestaciones en tales casos son distintas”iii.

Por lo general, a dosis bajas y medias, pueden aparece contenidos desagradables y el sujeto puede intentar resistirse, lo que suele provocar que la ansiedad aumente. A dosis altas, sin embargo, las resistencias son menos importantes por la intensidad de la experiencia.

En ocasiones, tras experiencias difíciles, pueden vivirse dificultades psicológicas de diversa índole que pueden requerir atención especializada.

En aras de evitar el mal viaje, los expertos advierten de la importancia de cuidar el set&setting: elegir un buen momento vital (de estabilidad vital y emocional), prepararse para tener buena disposición, medir bien la dosis, optar por un buen lugar, un entorno seguro, tranquilo, estéticamente agradable y libre de interrupciones, seleccionar la música, y acompañarse de personas de confianza que no consuman (un guardián, al menos).

Además, es importante señalar que ciertas actividades, como la conducción, operar maquinaria o tareas que requieran concentración, no pueden llevarse a cabo bajo la influencia de las trufas. Asimismo, es conveniente consultar la legislación de tu país en relación a las trufas. La seguridad, ante todo.

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PIES DE FOTO

  1. Reproducción sexual del hongo (M. Violante, CC BY- SA 3.0, Wikipedia)

  2. Micelio e hifa del hongos Rhizoctonia solani (Tashkoskip, CC BY- SA 4.0, Wikipedia)

  3. Partes de un hongo, en concreto, de Amanita Cesarea (Zoram.hakaan, CC BY- SA 3.0, Wikipedia)

  4. Esclerocio del hongo Sclerotinia sclerotiorum, causante de un gran número de enfermedades en los cultivos, como la podredumbre blanca (Kmcleveland, CC BY- SA 3.0, Wikipedia)

i Lurá de Calafel, M. et al. (1997). Introducción al estudio de la micología. Argentina: Universidad Nacional del Litoral.

ii Pellegrini, M. et al (2013). “Magic truffles or Philosopher’s stones: a legal way to sell psilocybin?”. Drug testing and analysis, 5, pp. 182-185.

iii Para más información: https://bit.ly/2JQRmVg

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